 Participantes del taller visitan el Templo Mayor, antiguo centro de Tenochtitlán, capital de la civilización azteca. |  En una de las mayores plazas públicas del mundo, el Zócalo (plaza principal de Ciudad de México). | Hablamos de algo de historia y explicamos que el Templo Mayor había sido alguna vez el centro de Tenochtitlán, la capital de la civilización azteca. El complejo del templo fue destruido prácticamente en su totalidad por los españoles durante la conquista. Los senderos por los que recorríamos la excavación de los restos del templo habían permanecidos enterrados durante muchos años y recién se los desenterró en la década de 1970. Todos observamos el templo y sus alrededores con entusiasmo, y estudiamos los detalles del edificio e imaginamos la forma de vida que llevaban los aztecas. Junto al Templo Mayor, descubrimos una pila de agua con un mapa de Tenochtitlán en su apogeo, tallado en relieve. Fue una gran oportunidad para explicar el concepto y el propósito de los modelos en tres dimensiones y para comenzar a hablar sobre escala y proporción. Eso también nos permitió formarnos una idea de la disposición de las ciudades, cómo eran las casas y cómo vivía la gente en aquellos tiempos ancestrales. Después de un breve debate, fuimos a la siguiente parada de nuestra excursión: la plaza principal de la Ciudad de México, La Plaza de la Constitución, conocida comúnmente como el Zócalo. El Zócalo, una de las plazas públicas más grandes del mundo, es un lugar perfecto para estudiar la historia y arquitectura de la ciudad. Alrededor de la plaza se encuentran muchos edificios diferentes e importantes, entre ellos una catedral (1525-1813), el Palacio Nacional (siglo XVI) donde viven los presidentes, la Corte Suprema y la antigua Municipalidad. Los edificios reflejan la mixtura de estilos arquitectónicos que van desde las iglesias y mansiones coloniales hasta un teatro/galería art decó y un rascacielos de mediados del siglo XX.  Los alumnos toman un breve descanso en el pequeño patio del Museo de la Caricatura. |  Uno de los dibujos de la casa de Luis Barragán. | Entre los lugares de interés que visitamos está el antiguo Colegio de Cristo, hoy Museo de la Caricatura. Este edificio posee una fachada barroca elegantemente conservada y es uno de los ejemplos mejor conservados de una vivienda de clase alta del siglo XVIII. Concebido originariamente en el siglo XVII como fundación educativa para alumnos pobres, este edificio se reconstruyó en la década de 1740 y después se convirtió en una vivienda particular. En él se destacan un pequeño patio y una amplia escalera con un arco de entrada de piedra bajo. Nuestra parada final del día fue la antigua casa del arquitecto Luis Barragán, ganador del Premio Pritzker. Ubicada en una calle aletargada, desde el exterior, la casa parece inhóspita y sin pretensiones. Por dentro, exhibe una vibrante combinación de colores, formas, texturas, luces y sombras, marcas registradas del arquitecto. El estilo de Barragán se cimienta en el uso de planos rectos (paredes) y luces (ventanas). La habitación principal de la casa cuenta con un techo alto y está dividida por paredes bajas. La claraboya y las ventanas fueron diseñadas para permitir el ingreso irrestricto de la luz y para acentuar su naturaleza cambiante a lo largo del día. Las ventanas tienen además un segundo propósito, permitir ver la naturaleza. Barragán se autodenominaba un arquitecto paisajista porque creía que un jardín era tan importante como un edificio. Esta creencia se reflejó claramente cuando llegamos a la parte posterior de la Casa Barragán, la cual se abre hacia un jardín integrándolo como una extensión de la vivienda. Barragán continuó remodelando la casa hasta su último año de vida. Era un trabajo en proceso, una especie de laboratorio arquitectónico que utilizaba para experimentar con conceptos de espacio y luz. Cuando regresábamos al autobús, escuchando las entusiastas conversaciones entre los alumnos, Carla y yo claramente reconocimos que la Casa Barragán fue un gran lugar para cerrar el día. Su exclusivo diseño le había dado al grupo muchas ideas que inspiraban su comprensión de cómo una casa refleja una forma de vida y de cómo se pueden utilizar creativamente la forma y la función, y la luz y el espacio. Comenzamos el segundo día con un repaso de las experiencias e impresiones del primer día, después de lo cual nos sumergimos en nuestra siguiente actividad. Le pedimos al grupo que imaginara que eran arquitectos que estaban diseñando la casa de sus sueños. Fue un ejercicio increíble. Lo más fascinante fue ver cómo los chicos habían cambiado su enfoque del diseño. A diferencia de sus diseños anteriores, en éstos utilizaban color y elementos estructurales como arcos y columnas de forma muy creativa. Mientras los alumnos compartían sus proyectos con el resto de los grupos, se pudo ver claramente que la excursión había influido mucho en sus ideas. Una vez terminadas las presentaciones, estábamos casi listos para emprender una nueva aventura como arquitectos. Pero antes necesitábamos aprender más sobre los importantes conceptos de escala y proporción, dos herramientas muy importantes para nuestro trabajo. Debo admitir que me preocupaba que estas partes abstractas del taller no lograran captar la atención de los alumnos a pesar de su importancia; pero me sorprendí para bien. Fue espectacular descubrir cuánto había subestimado su nivel de interés y su comprensión de los principios arquitectónicos. Fue realmente muy fácil explicarles cómo funciona la escala y cómo los arquitectos diseñan los espacios en proporción a la vida humana. Jugaron entusiasmados con la cinta métrica que les dimos para que se llevaran a sus casas para hacer la tarea, documentar la disposición de las habitaciones y los muebles de sus casas.  El grupo trabajó unido para completar el diseño de la casa. Todas las piezas debían encajar juntas, como un rompecabezas. | Continuamos con el proyecto del día, diseñar una casa dividiendo a los alumnos en pequeños grupos. Cada uno de los grupos debía crear un espacio de la casa, de la siguiente manera: - Ingreso y garaje
- Sala y comedor
- Cocina y lavadero
- Dormitorio
- Baño
- Jardín y piscina
- Sala de juegos (adaptable según la ocasión)
Hubo algo de lo que se dieron cuenta después de dos horas de análisis creativo (para pensar, debatir, medir y dibujar) cuando se volvieron a reunir para un debate. Inmediatamente se dieron cuenta de que debían trabajar todos juntos para terminar el diseño. Todas las piezas debían encajar juntas, como un rompecabezas. Todos debían comprender el tamaño, la escala y la proporción de las diversas piezas y cómo conectarlas para construir una casa. Estaban utilizando sus habilidades de pensamiento crítico. Los alumnos colgaron los dibujos de los espacios de cada grupo para poder analizarlos en conjunto. Después se hicieron un montón de preguntas, como: - ¿Por qué el baño es más grande que el dormitorio?
- ¿Cómo podremos ingresar al dormitorio si lo ponemos en el medio de la casa?
- ¿Qué le pasa a la sala si conectamos la cocina con el comedor?
Imagínense cómo nos sentíamos Carla y yo al ver la manera en que la sesión había seguido sola su curso y de forma natural se había convertido en un verdadero esfuerzo conjunto y un ejemplo del poder del "Aprendizaje en Acción", algo en lo que las actividades de SEED hacen hincapié, mientras los alumnos se acercaban a una solución. Estábamos orgullosas y ansiosas por ver los desarrollos que el próximo día nos traería. Desde el principio quedó muy claro que el entusiasmo del segundo día se había extendido al día tres. Todos estábamos ansiosos por comenzar.  Arriba: Un alumno descansa mientras carga su SEEDPACK, una mochila portátil del proyecto accionada por energía solar. Abajo: Análisis de los dispositivos que se pueden conectar a las mochilas, hélices a motor, lámparas y otros dispositivos. 
| Como siempre, comenzamos con un breve repaso y un debate. Los alumnos estaban más que ansiosos por conocer la tarea y descubrir lo que significa ser un ingeniero. Sylvia lideró la actividad de una forma maravillosa. Ingeniera y geóloga, fue capaz de hacer preguntas que les ayudaran a los alumnos a interiorizarse y comprender la estructura de la casa que estábamos por construir. También creó contexto adicional para el proyecto recordándonos el devastador terremoto de Ciudad de México del 19 de septiembre de 1985. (En futuros proyectos del Laboratorio de SEED desarrollaremos el tema de ciencias de la tierra, “Arquitectura antisísmica”). Pasamos la primera parte del día investigando sobre los sistemas de energía y agua que usaríamos en nuestra casa. Resultó más complicado y nos llevó más tiempo de lo que habíamos pensado, pero nos inspiramos en las nuevas SEEDPACK, unas mochilas portátiles del proyecto con baterías solares incorporadas, que presentamos en este taller. Nuestros cerebros entraron en acción. Los alumnos corrieron al patio contiguo al salón de clase, al que llamábamos nuestro “laboratorio solar”, como si estuvieran yendo a la piscina. En su entusiasmo, muchos de ellos se recostaron en el suelo con las mochilas al sol, mientras debatían sobre cómo funcionaban las mochilas y los paneles solares. Después de un rato al sol abrasador, decidieron dejar las mochilas para que absorbieran los rayos solares e irse a jugar a la sombra de un árbol. Cuando las baterías de las mochilas se cargaron, los alumnos exploraron qué dispositivos podían conectarles, hélices, lámparas y otros, para sacar ideas de los que podrían utilizar en la casa modelo. También unificaron toda la información que habían recogido para comprender el entorno de la casa, incluso su ubicación, su clima, los materiales con los que la construirían, las opciones arquitectónicas y las energías alternativas. Provistos de conocimientos, herramientas e ideas creativas, nos pusimos a trabajar en el diseño de nuestra casa autosustentable mexicana soñada. La casa se ubicaría en el Valle de México, un gran valle en el altiplano del centro de México, a unos 2.240 m (7.349 pies) sobre el nivel del mar, rodeado de volcanes que alcanzan los 4.000 ó 5.500 m (13.000-18.000 pies) sobre el nivel del mar. La velocidad del viento del Nornoreste variaría entre los 8 y los 24 km/h (5 a 15 mph).  El modelo terminado combinó las ideas de todos los alumnos en un diseño energéticamente eficiente. | La casa que creamos en el taller tiene una estructura de una planta con una base cuadrada, techo de tejas de arcilla y paredes coloridas en un terreno de 300 metros cuadrados (aproximadamente 350 yardas cuadradas), para una familia tipo de cuatro integrantes de la Ciudad de México. Cada habitación fue diseñada para que contenga luz natural, ventilación cruzada (sin que se necesite aire acondicionado para refrigerar la casa) y fuentes de energía solar (debido a la falta de la velocidad de viento necesaria para producir energía). Entre las características especiales de la casa que dependen de la energía solar se destaca la iluminación, una bomba hidráulica que alimenta el baño con agua reciclada que se almacena en una piscina en el patio trasero y un portón automático en el garaje. Cuando terminaron, todos estaban satisfechos con lo que habían aprendido y creado en este taller, tanto individual como colectivamente. Nuestros tres días como arqueólogos, arquitectos e ingenieros nos habían dejado no sólo una comprensión de nuestro entorno y nuestra historia urbana, sino también confianza en nuestra propia capacidad para evaluar, diseñar y construir estructuras que satisfagan las necesidades de las personas en el contexto de su medio ambiente y sociedad. Lo que es más, todos nos fuimos queriendo saber más y queriendo tener posibilidades de trabajar nuevamente en proyectos similares. |